Yomente y la búsqueda del centro

Mi Mundo Interior
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En una vieja aldea al norte de China, vivía Yomente. El como tantos otros discípulos, tenia la devoción de encontrar la paz y la armonía en la vida. Por aquellos años, era común pasarse toda la vida estudiando los fenómenos de la naturaleza, para luego poder interpretar a la especie mas peculiar de la tierra, la conciencia del ser humano.

Pero Yomente era revoltoso, y le inquietaba mucho saber quién iba a ser su flamante esposa. Tenía la creencia, que si conseguía la pareja perfecta, su felicidad, armonía, y paz estaba asegurada. Además, quería demostrarle al resto de sus compañeros, vecinos, y familiares, que él estaba por encima de los demás, que había logrado conquistar muchos tesoros, y por sobre todo, su bien más deseado. La esposa perfecta.

A la mañana siguiente, se despertó Yomente. Algo impaciente y más obsesionado que de costumbre. La causa de su nerviosismo derivaba en que durante la noche anterior había escuchado que en el monte mas alto de la aldea, vivía un sabio con un poder sin precedentes. Era capaz de adivinar el futuro, había sido testigo de la creación del universo, y hasta podía comunicarse con todos los seres vivientes, incluso las plantas. Los que lo han visto, alucen que sus piernas son como las del árbol más robusto, y su cabeza mas chiquita que la de una tortuga.

Yomente, no perdió ni un segundo. Camino en el llano por 4 horas, cruzo dos lagos y culmino escalando el monte sagrado. Apenas piso el pico máximo de la montaña, se encontró con lo menos esperado. No había templo, no había santuario… ningún recinto lo aguardaba. Ni siquiera huellas de que alguien haya pasado por allí. Frustrado, y algo desconsolado, Yomente no paro de pensar en la desdicha de haber confiado en la palabrería del pueblo. Con pocas fuerzas, luego de su descanso en una piedra, decidió partir para intentar llegar a casa antes del anochecer. Su mente estaba encendida, los pensamientos no paraban de perturbarlo.De pronto observo una flecha. Una flecha que señalaba un escrito “Busca en el centro”. Yomente, algo desorientado, pero entusiasta, lo interpreto como un mensaje y pensó que quiza este sabio era tan poderoso, que ni los propios dioses podrían ver su rostro.

Emocionado por aquella señal, Yomente partió hacia al pueblo con la energía mas vivas que nunca, dispuesto a buscar “en el centro” a su pareja perfecta. Si, si, aquella que le iba a proporcionar la mas pura armonía.

Yomente comenzó su búsqueda. Se compro ropa fina, compro dos fincas de lujo, contrato 15 sirvientes, y hasta puso carteles en toda la ciudad. En que parte?. Precisamente en toda la zona del centro de la ciudad. El mismo decía “Yo Yomente busco a mi media naranja, aquella pareja perfecta que me acompañe hasta la muerte, y me brinde compasión, amor, y el equilibrio eterno”.
La propuesta era muy tentadora. Yomente tenía y gozaba de mucha riqueza, y de un intelecto destacado. Sin embargo, nadie acudió a su llamado. Yomente, luego de más de un mes aguardando cayó en una profunda depresión.

Un día de atardecer naranja, como cuando las llamas del fuego se van extinguiendo, se encontraba Yomente junto al estanque de su casa. Prácticamente desahuciado, observo sin intención, el reflejo de su cuerpo en el agua. Su atención había cambiado por un instante. Era la primera vez que percibía con claridad que tenía un cuerpo, y ese cuerpo comenzó a hablarle. Le dijo que lo tenga mas en cuenta, que lo escuche, que lo observe. Ah, y le dijo una cosa mas, que sean compañeros y que se cuiden mutuamente, para que de esa forma la armonía pueda fluir en el espíritu.
Emocionado, Yomente dejo de ser solitario. Por fin, encontró su aliado inseparable. Esa pareja entrañable.
Ahora su identidad era diferente porque pudo conformar una familia. Mente, Cuerpo y Espíritu.

Las respuestas a todas las preguntas del viejo Yomente, no estaban más que en su propio centro. Buscar en el exterior una y otra vez, nunca le dio resultado para encontrar lo que el llamaba paz interior. Conectarse con su centro, su eje, ubicado unos 4 cm aproximadamente por debajo del ombligo, fue la llave para abrir la puerta. La puerta hacia la unidad y comunión con uno mismo. El bien más preciado…

FIN

A todos los lectores, les agradezco una vez más por permitirme seguir profundizando el diálogo.
Para los que se les despertó el bichito. Siéntense en un espacio cómodo. Cierren sus ojos y comiencen a respirar suave y profundo. Por ultimo focalicen la atención en el abdomen, en el centro de su cuerpo. Contemplen ese momento sin juzgarlo y sin pretensiones. Abiertos a ESCUCHAR el dialogo entre mente, cuerpo y espíritu.

¡Suerte en el viaje! Namasté.

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